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La moderna picaresca pone en peligro el Camino de Santiago.

Buenos días. He tenido ocasión de realizar muy recientemente el recorrido desde Saint Jean Pied-de-Port y Logroño, y, junto con un gran número de buenas experiencias, tengo que decir que he tenido grandes decepciones. Me parece un escándalo lo que está sucediendo con el Camino de Santiago: de ser una vía de peregrinaje, se está convirtiendo en un mero destino vacacional.

Me explico: he tenido ocasión de comprobar in situ los modos de la moderna picaresca del Camino. He visto familias y grupos enternos de supuestos peregrinos que usan indiscriminadamente autobuses y servicios de transporte de mochilas, y que se mueven sin el más mínimo miramiento por lo que el Camino implica para muchos de nosotros en cuanto a esfuerzo y experiencia personal. Y, lo que es peor, usan de los medios puestos al alcance del fatigado peregrino como si ellos hubieran sufrido el rigor del recorrido de la misma manera que los que íbamos con nuestros trastos a cuestas y penando por llegar a un lugar de reposo que, a veces, ya estaba lleno por estos aprovechados.

El caso peor fue el de un grupo de tres señores. Dos de ellos hacían el Camino andando, efectivamente, pero el tercero viajaba en automóvil llevando toda la impedimenta. Éste llegaba con antelación a los albergues, se identificaba como peregrino e intentaba reservar sitio para los tres. Se pueden figurar cómo me sentía yo cuando llegaba al albergue después de más de 20km de marcha con 8kg a la espalda y me encontraba al conductor en trámites de instalarse como si fuera un peregrino más, ocupando un lugar que debería ser para un caminante. Por no hablar de sus dos compañeros, que siempre andaban ligeros y contentos, sabedores de que el saltarse las reglas del juego de esta forma les garantizaba una cama y un techo todos los días. Lo peor es que no ocultaban que llevaban coche de apoyo, los hospitaleros podían verlos llegar y salir, y no pusieron nunca ninguna pega, al menos en los tres en los que coincidí con ellos.

Me pregunto si hay alguna forma de controlar de forma más efectiva el uso de la hospitalidad que las asociaciones y las administraciones públicas ofrecen al peregrino esforzado y de buena fe, de forma que este tipo de aprovechamiento no tenga lugar. Porque, si admito que, al fin y al cabo, dos de ellos caminaban y estaban peregrinando (a su modo), el que hacía de conductor habría debido quedarse en un hotel. Por no hablar del hecho de intentar realizar reserva de camas con la antelación que permite el uso de un automóvil.

A mi juicio, si no se intentan solucionar este tipo de incidencias, el Camino de Santiago está en trámites de morir en su sentido primigenio, y quedándose como una forma de ir de camping y de hacer turismo que incluye un breve paseo diario y unos alojamientos a precio de ganga.

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Publicado en mi voz.



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