Peregrina, que algo queda
Cuando hablábamos de los albergues, decíamos que hay algunos que en la época de mayor afluencia de Peregrinos están atendidos por Hospitaleros voluntarios. Estos hospitaleros son antiguos Peregrinos que pretenden devolver desinteresadamente al Camino parte de lo que el Camino les dio. Pertenecen a distintas Asociaciones de España y del resto del mundo y he aquí algunas de sus impresiones.
«El mismo día llegaron muchos peregrinos, lo normal era que hubiera más de 50, en total en dos semanas durmieron 973 peregrinos. Qué experiencia enriquecedora el acoger cada día tantos peregrinos de todas partes de España y de Italia, Alemania, Francia … Muchos muy cansados, a veces heridos, con ampollas en los pies. Pero en los ojos de casi todos se leía la alegría de haber llegado aquí, tan cerquita de la tuba del Apóstol»
Jacques, desde Samos
«Después de haber hecho el Camino en el 93 y el 94 y haber encontrado el «gustillo», me apunté en mi Asociación como hospitalera voluntaria y me mandaron a Ponferrada (…) Llegamos a Ponferrada en tren a las 7 de la mañana y no encontramos a nadie, ni sabíamos donde estaba el albergue. Por fin nos indicaron bien y llegamos a él, estaban los obreros arreglando, albañiles poniendo baldosas en la entrada, otros puliendo el suelo de madera, estaba todo patas arriba que se dice, las literas por montar, etc … y nosotras que pensábamos que ya estaba a punto»
Ramona, desde Ponferrada
«Regábamos el patio a media tarde para que diera sensación de frescura, procurábamos tener siempre en la entrada una tina llena de cubitos de hielo y botellines de agua para ofrecer bebida fresca a los peregrinos cuando llegaban …»
Eva, desde Ponferrada
«Un peregrina ha dejado olvidado su bordón. Lo ofrezco a otro y no lo acepta ¡qué pena!. Un peregrino me pregunta si otro ha olvidado el bordón. Al entregarlo quedo satisfecho porque seguro que llega a Santiago como estaba previsto. Ahora es alegría. Otro pide un bolÃgrafo para escribir en el libro que a tal efecto está en los albergues para que los peregrinos dejen su reseña. Al entregarle el bolÃgrafo y decirle que puede llevarlo hasta Santiago, pues otro peregrino lo olvido, contento lo acepta y lo conservará como recuerdo, me dice»
David, desde Calzadilla
«Después de tomar un ligero desayuno, le damos la vuelta al albergue: volteamos los colchones y les echamos «Raid», o similar por el perfume y por dar caña a cualquier bicho que quiera aprovechar un descanso. Barremos, fregamos, abrillantamos para que el peregrino al llegar, además de la sonrisa y del ¿cómo estás? se encuentre tan a gusto como a nosotros nos gusta estar. (…) Y ya a esperar al cansado, al valiente, al protestón, al exigente, al visionario, al mayor o la mayor (casi siempre extranjeros) que vienen andando desde su casa, al maratoniano, al ilusionado, al teólogo, al ciclista pasota y al que no lo es tanto, a los deslenguados (que también los hay), y a los grupos de … que no respetan silencios ni normas de habitabilidad (que también los hay).»
Amparo, desde Frómista
«La experiencia del Camino te demuestra te demuestra que lo importante son las personas, no hay títulos, ni rangos, ni escalas sociales, cada persona es ella misma y por eso se la valora, no por lo que pueda tener, y en la labor de hospitalero se tienen muchas oportunidades de vivir esas relaciones personales, la mayoría de las cuales no duran más que unas horas, pero suelen dejar su impronta. Han sido tantos los momentos agradables vividos, que los desagradables se pierden en la memoria.»
Jaime, desde Castrojeriz
«Cuando a las ocho y media ya se han marchado todos los peregrinos es muy reconfortante y te da ánimos para seguir adelante en tu trabajo, el leer el libro de notas del peregrino, he observado que algún día que por cualquier circunstancia: cansancio, malestar, etc., he estado menos activo con los peregrinos, ellos no han escrito nada. ¿Casualidad?.»
Ignacio, desde Castojeriz










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