Peregrinación, en sentido amplio, no es sino el viaje, emprendido individual o colectivamente, para visitar un lugar santo donde se manifiesta de modo particular la presencia de un poder sobrenatural. Considerada así, como una búsqueda de Dios en un marco cultural, la encontramos desarrollada en casi todas las religiones desde la prehistoria hasta nuestros días. En el cristianismo, las peregrinaciones tienen dos orígenes distintos: uno, la veneración de los Santos Lugares donde transcurrió la vida de Jesús de Nazaret; el otro, el culto de los santos y de sus reliquias.
Hacia 814 el obispo de Iria Flavia, Teodomiro, es avisado por un eremita de los resplandores y lluvias de estrellas que de noche se ven sobre un montículo. Se descubre así la tumba con los restos del Apóstol Santiago. De acuerdo con la;Entrada por el Obradoiro a la catedral de Santiagotradición, tras ser decapitado por Herodes Agripa (Hch 12,2) hacia el año 44, fue colocado por sus discípulos en una barca que, tras larga travesía, arribó finalmente en las costas gallegas. Tras este hecho, comienzan a llegar gentes al lugar y al poco tiempo el rey de Asturias Alfonso II el Casto ordena levantar sobre la tumba una pequeña basílica. El hallazgo es comunicado y conocido enseguida por toda Europa. Miles de creyentes procedentes de toda la cristiandad llegan en ríadas a Compostela, especialmente durante los siglos XI y XII.
Hasta bien entrado el siglo XVI, multitud de peregrinos recorrerán la ruta sagrada; sin embargo, en el siglo siguiente comienza a oscurecer la estrella que brillaba sobre el sepulcro gallego, disminuyendo drásticamente el número de peregrinos. Esta tendencia se mantendrá en las centurias venideras y así a finales del siglo XIX, las crónicas hacían referencia a que no se veía en Compostela más de treinta o cuarenta peregrinos el día de Santiago, la mayor parte de ellos portugueses. Sin embargo hacia los años cincuenta de nuestro siglo, y especialmente en los años ochenta, este débil goteo de peregrinos toma vigor y se fortalece.
Así, hoy día podemos hablar de un inusitado e inesperado florecimiento de la Ruta Jacobea que sigue siendo, a las puertas del tercer milenio, un camino de Verdad y de Vida mediante el cual el hombre de hoy puede entrar en contacto con lo sagrado.










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